sábado 28 de enero de 2012

"ACTOS DE AMOR" de ANTONIO PRAENA

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Nada debe el que canta permitirse/si no es acto de amor.
Es esta en esencia la poética central de este nuevo libro de Antonio Praena, con el que merecidamente ha recibido el XXII Premio Nacional de Poesía José Hierro que patrocina y publica el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes y le consolida como uno de los poetas más relevantes de su generación.

Fraile dominico, Antonio Praena nació en Purullena (Granada) en 1973 y es profesor de la Facultad de Teología de Valencia. Con anterioridad había publicado Humo verde (Accesit del Premio Victor Jara en 2003) y Poemas para mi hermana (Accesit del Premio Adonais de Poesía 2006).

Actos de amor se divide en cuatro partes y un prólogo final.
En la primera De la Misericordia Espirituales hace un canto al amor más profundo y verdadero, aquél que nos hace ser y nos salva de todos los pecados, aquel que es entrega y da ,y nos da, la vida la eterna profesión de amar de balde.

La segunda parte Mundo revela un elogio encendido de la amistad como elevada manifestación del amor: Te doy lo que no tengo: aquí va todo./Libértame de mí, méteme dentro./Gozoso de perder, gano la vida./Entrando en tu pupila, nazco entero. y nos da muestra autobiográfica de su ser y estar en la tierra, donde vida y muerte son, las dos, esencialmente Vida.

En Carne tiene cita y convivencia con sus propios demonios Me fui fuera de ti/para poder volver un día/curado de la bestia que me ocupa. Antonio busca entre ellos la cordura que, cuando la alcanza, lamenta: He vuelto a la cordura y me he perdido./He vuelto a la cordura y estoy muerto.

En la cuarta y última parte De la Misericordia corporales Antonio nos da vela y participación de su amor a la familia (padres, hermana, sobrino....) su patria feliz, donde toda la fuerza de la vida está en la inocencia y en ser bueno.

Y, al final, en el Prólogo el poeta nos exhorta e invita a - antes,durante y después de la poesía- dejar, entregar la palabra por Amor.

Nada es prescindible, nada es vano, en este libro y os aconsejo encarecidamente su lectura y relectura. Como muestra del mismo os dejo con uno de sus poemas:


LEGIÓN

Como puede decirlo
tan sólo quien no sabe lo que dice,
se me mueren en ti
los hombres que no he sido.

No he sido aquel que amaste, ni tampoco
el hombre que soñó que tú lo amabas.

No he sido el que ahora mismo te recuerda,
pues no recuerdo bien cuál fue mi sueño.

Posiblemente todos se extraviaron
por sendas que jamás transitaré.

Y ahora que en la noche llamo a alguien,
tan sólo aquel que un día tú quisiste
podría socorrerme si viviera.
Mas ese solamente estuvo vivo
el tiempo de tu tiempo y es por eso
mejor dejarlo aquí:
ya es tarde, me confundo
y debo abandonar a este que escribe
en aguas somnolientas y encontrarme
mañana con un ser desconocido
en este cuerpo mismo que me habita.
Mas,antes de entregarlo
a la disolución,
la última pregunta:
¿podrá tal vez la vida devolverme,
con estos mismos ojos y este llanto,
de todos los que fueron sólo aquel
que tuvo vida en ti?

Ausente como yo,mi voz responde:
tu vida fue verdad, querido Antonio,
tan sólo con el paso de la suya.
El resto, solamente
materia de un poema.


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"ACTOS DE AMOR"
de ANTONIO PRAENA

86 pág.

COLECCIÓN UNIVERSIDAD POPULAR JOSÉ HIERRO
SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES MADRID 2011

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martes 3 de enero de 2012

NÚMERO 27 DE LA REVISTA LUCES Y SOMBRAS

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Acaba de aparecer la revista de artes y letras LUCES Y SOMBRAS, en su número 27, que edita la Fundación María del Villar de Navarra. En la misma he tenido el honor de colaborar con la selección de 10 buenos poetas españoles actuales. Además otras secciones son coordinadas por Adriana Serlik, José A. Pascual Lobo y Carlos Codes.

Os dejo ahora con mi introducción a los poetas seleccionados.

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DIEZ ABEJAS NAVEGANDO

“Rien ne ressemble à una âme conme une abeille,
elle va de fleur en fleur conme une âme d’étoile en étoile
et elle rapporte le miel comme l’âme rapporte la lumière”

(Victor Hugo, Quatre-Vingt-Treiza)


Grande y hermoso es el simbolismo de las abejas, encarnan el principio vital, materializan el alma, son las animadoras del universo entre el cielo y la tierra. Como imagen del alma, la abeja desempeña un papel iniciático. Símbolo de resurrección, la encontramos representada en las tumbas de varias culturas como señal de supervivencia después de la muerte, y es que la estación del año en la que desaparece de nuestro cercano paisaje, los tres meses de invierno, se compara a los tres días durante los cuales Cristo permanece oculto entre las sombras del averno antes de resucitar. También para los celtas, que bebían el hidromiel (por otra parte único alimento del dios Odin) la abeja evoca las nociones de sabiduría e inmortalidad del alma. Este himenóptero simboliza a su vez la elocuencia, la palabra y la inteligencia. En hebreo el nombre de la abeja dbure viene de la raíz dbr, palabra, y tal como escribe Plinio se posan sobre la boca de Platón, niño, “anunciando la dulzura de su elocuencia encantadora”, como más adelante lo harán sobre los labios de San Ambrosio, patrón de los apicultores. Para Virgilio, poseen una parte de la inteligencia divina y la célebre Pitia de Apolo era llamada “la abeja de Delfos”. Sin olvidar que en algunos textos de la India, la abeja representa el espíritu embriagador del polen del conocimiento.

No sé si tan elevada misión y exigente destino son asumidos por los poetas hoy, pero sí que desde el enjambre de nuestra poesía más reciente vuelan, y navegan en su espacio poético y virtual, muchas de esas abejas queriendo pensar con el sentimiento y sentir con el pensamiento (como nos advirtiera Unamuno). Conocimiento y emoción que son las claves, esa pulsión y necesidad al fin, del deseo de comunicación con el otro (aun siendo uno mismo) que persigue todo poeta. Y hay infinidad de abejas, todas únicas y distintas, libando de flores diferentes en nuestro ecosistema poético y regalándonos mieles diversas. A sus panales me he acercado para ofreceros la muestra de diez poetas muy distintos, tanto por su edad, género y origen, como también por su credo estético y filosofía vital.

El primero de ellos, José Garés Crespo, nos ofrece una poesía intensa, humanista, recreándose en el versículo deslumbrante en imágenes, y que aunando tradición y modernidad nos da testimonio de una vida de compromiso y lucha política, en favor de los más pobres y siempre a la luz de un amor sin fronteras; poesía que, superando lo perdido y sus crisis, nos deja un destello de esperanza…

Julie Sopetrán es una de las voces literarias más valiosas de la Alcarria y emplea con igual maestría el verso clásico: sonetos, romances, décimas, ovillejos, la silva, el verso blanco…., las formas orientales del haiku y el tanka, como el verso libre. Su poesía va directa al corazón y a la mente del lector, con un sentido reflexivo de la existencia y gusta de decir mucho con los menos elementos posibles, en un esencialismo preciso, sin derroche recrea mariposas y son palabras….

La poesía de Francisco Caro que surge en plena madurez humana y literaria del autor, últimos caminos, luz de hueso, acostumbra a ser esencial, de gran economía de lenguaje, despojada de todo artificio retórico, acariciadora del silencio, sobria, sugerente, concisa, alimentada de una intuición capaz de rastrear en lo profundo del alma humana, y con una arquitectura de firme y personal construcción en cada uno de sus poemas. En la selección de sus textos que presentamos podemos asistir a una breve y sugerente iniciación a la historia de la poesía en el siglo XX…

Silencio y recogimiento definen el espacio que busca José Manuel Suárez para desarrollar una obra poética de gran tensión espiritual y mística. Amor, dolor, celebración, naturaleza, se ven reflejados en sus versos libres tan sensitivos y musicales. Su saber estar en el mundo, humilde y sencillo, ahonda en la palabra que trasciende e ilumina, y donde las horas respiradas no ven su fin, su destino es durar, seguir viniendo…

José María Herranz Contreras, un ser de oro y barro, se desenvuelve con soltura entre lo secreto y misterioso de la existencia. Metafísica, mística, heterodoxa y dionisíaca califican su poética, y ésta manifiesta lo sagrado y órfico de la palabra, en un sincretismo espiritual de original factura, también encontramos en el contenido de sus versos la denuncia social y el gusto por el surrealismo y la contracultura…

Para la toledana Beatriz Villacañas su mayor verdad está en sus sueños, unos sueños de poesía y Dios, mamados y vividos con intensidad desde su primera infancia. Expresión trabajada con esmero y oficio en todas sus formas y hondura espiritual y serena filosofía en sus contenidos, hacen de la suya una poesía que otea siempre la dimensión oculta de lo eterno…

Lola Torres Bañuls anida en la palabra breve, concisa, sin vanos adornos, única y necesaria; poesía depurada hasta el extremo, temerosa a veces, por no encontrar la palabra miedo para nombrar la sombra, por ello se recrea en el silencio y busca dar vida al vacío con una siembra intangible y secreta. En escucha permanente de la filosofía y estética oriental nos regala las perlas de sus haikus….

Porque metódico otea y ata: un verso arriesgado e intenso, aunque la luz se llene de desorden, de vanguardia, al que no le asusta lo hermético y experimental, es la marca poética de Fernando Soriano Bensusan que con imágenes sorprendentes, rotundas y luminosas, nos habla de las sustancias dormidas del amor y del arcoíris exacto de la poesía, mientras el horizonte metódico otea y ata. .. .

Como un bosque encendido es la poesía de Ana Garrido Padilla, llena de imágenes sugerentes, precisas, engarzadas entre sí con un ritmo trabajado con esmero, que indaga en su ser en un acto de conocimiento y reconstrucción de sus raíces. Poesía que busca el origen y esa canción primera aún por hacer, que sólo se adivina en el corazón de un niño, y crece con la palabra que desvela la exactitud del fuego….

Y para terminar nos encontramos con el verbo joven y espiritual de Antonio Praena Segura, dominico que trabaja por mantener viva esa luz que siempre ha sido la relación cristianismo, poesía y cultura. Poesía que es reflexión de una realidad cotidiana trascendida. Sin el exceso de luz que enceguece su verso nos abre un camino para empezar a crear todo de nuevo.

Y hasta aquí mi presentación -con la que no quiero alargarme ni cansar- de estas abejas-poeta. Os dejo con su mieles, que estoy seguro sabréis degustar como merecen, al ser releídos sus versos, lentamente paladeados, en soledad y silencio.


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domingo 10 de abril de 2011

"CUADERNO DE BOCCACCIO" y "PAISAJE (en tercera persona)" de FRANCISCO CARO

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Hoy nos visita un poeta cuya obra ha empezado a publicarse en plena madurez humana y literaria de su autor, lo que rompe el mito de que sólo en nuestra juventud nos es dado el don de escribir buena poesía, su primer libro “Salvo de ti” ve la luz en el 2006 a sus 59 años, gracias al premio de la Asociación de Escritores de “Castilla-La Mancha” e inmediatamente, como en cascada, saldrían “Mientras la luz” (2007), “Las sílabas de noche”(2008), Premio Juan Alcaide, “Lecciones de cosas” (2008), Premio Ciudad de Zaragoza, “Calygrafias” (2009) Premio Ateneo Jovellanos, “Desnudo de pronombre” (2009) accesit del premio Tomás Morales, “Cuaderno de Boccaccio” (2010) Premio Ciudad de Alcalá y “Paisaje (en primera persona)” Premio José Hierro en San Sebastián de los Reyes en el 2010, estos dos últimos han sido materia de lectura y comentario en nuestros Taller de Poesía. Una trayectoria impresionante en pocos años la de Francisco Caro, que nació en Piedrabuena (Ciudad Real) en 1947 y reside en Madrid, donde se ha dedicado a la enseñanza de la Historia en un instituto de Secundaria hasta su jubilación. Mantiene abierto y actualizado un blog “Mientras la luz”, en el que hace crónica y reseña de los distintos actos poéticos que tiene noticia, se desarrollan y asiste en Madrid y aledaños, además de compartirnos la poesía de sus amigos y, con menos frecuencia de lo esperado, sus propios versos.

Su poesía acostumbra a ser esencial, de gran economía de lenguaje, despojada de todo artificio retórico, acariciadora del silencio, sobria, sugerente, concisa, alimentada de una intuición capaz de rastrear en lo profundo del alma humana, y con una arquitectura de firme y personal construcción en cada uno de sus poemas. Su oficio de auténtico poeta se ha forjado y pulido a través de años de intensas y meditadas lecturas lo que le ha dado ese sabio equilibrio que siempre muestra entre tradición y modernidad.

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En “Cuaderno de Boccaccio” descubrimos retazos del desarrollo de un “taller de poesía” en la Florencia del renacimiento italiano, en el siglo XIV, que tiene como maestro a Boccaccio de Certaldo. Son los apuntes escritos y guardados por un viejo mercader llamado Massimo Novello sobre las lecciones de poesía y vida, que en sucesivos jueves de 1373, diera el anciano poeta a cinco jóvenes ansiosos por aprender de tanta sabiduría, entre los que se encontraba Novello, quien rescata y comenta esos apuntes en 1432. El marco histórico-cultural nos desvela cómo los consejos poéticos de un auténtico maestro siguen vivos en la actualidad y pueden ser una buena guía para los que, aún hoy en el siglo XXI, queremos seguir jugando con las palabras para trasmitir su esencia y transparencia, guardar la memoria y hacer universales los frutos del espíritu. Y sabemos que es posible, y ciertamente necesario en nuestros días, porque la verdad y la belleza, son realidades que no caducan, inmutables, aún a pesar del relativismo que anega el pensamiento postmoderno. Este libro perfectamente estructurado le sirve a Francisco Caro para reflexionar sobre su personal poética, en un ejercicio didáctico de metapoesía.: “Pensad la poesía/ como el ansia perfecta/ de un instante…” …… “fijaos en los hilos/ del poema, palpad su trama,/ su taimado andamiaje,…” …. “… es preciso cuidar/ con mimo las palabras que las nombran..” (a las cosas) “..conocer la penumbra/, escribir de la luz.”…. “entended de los límites…./no contéis la evidencia/ ni develéis lo oculto,..” son algunos de los consejos reflejados en el poemario y sobre los que el autor fundamenta su buen quehacer poético, sin olvidarnos de uno no menos esencial que nos ayudará a conservar una saneada economía y la buena fama: “jamás os haréis imprimir libros inútiles”.

Útil y acertado ha sido para nuestro taller la lectura y reflexión sobre este libro y que ahora tenemos la oportunidad de agradecerle en persona a su autor.

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Paisaje (en tercera persona) es un libro madurado y escrito durante seis años y que ha merecido el Premio Nacional de Poesía José Hierro 2010, en él nos deja la mirada del poeta sobre el tiempo y el espacio, en contacto con una naturaleza que es esencia y ser de todo hombre. Con el estilo al que nos tiene acostumbrados, sobrio y desnudo, breve y sugerente, “busca la exactitud escueta del paisaje, del instante”, acompañado de elocuentes silencios, y que el lector ha de reescribir en cada lectura. Caro nos regala bellísimos poemas nacidos de la melancolía y de un no ocultado pesimismo “Él sospecha que toda la poesía nace de lo triste”.

En este poemario recorre, “camina al borde/ de las aguas que pasan,/ del líquido residuo de las horas…”, contempla un buen puñado de hermosos paisajes de la geografía hispana, senderos de Tejera Negra, el pueblo de Albarracín, la sierra de Gredos, el Pinar de Aguilafuente, las umbrías de Mora, el robledal de Hervás, los montes de Luciana, el campo de Almadén, la pradera de Argos, la plaza de Llerena,….. y otros, buscando recoger y atesorar “el esplendor azul de cada instante” y hacer también de la contemplación de esos momentos, salvados de entre el ruido y la prisa de nuestro mundo, “el repetido curso de la vida”.

Estamos ante un hombre y un poeta que “con paciencia recoge/….palabras en el bosque, mientras tiene frío y se sabe “despidiendo la vida”. Aunque esta despedida la deseamos lenta y pródiga aún en años y en versos, nuestro poeta no se engaña y reconoce que el tiempo ahonda en nuestros límites y desvela día a día un cuerpo, esa casa del alma, que se deshace en sombras jamás recuperadas. Aún así, y por eso mismo, en la palabra “busca/ para su día el hombre/ una luz que no hubiera/ sido jamás objetivada” queriendo disfrutar, sea fugazmente, de su brillo y caricia, sin olvidar que de todo lo anunciado/ es la luz/ el primer deterioro”.

Dividido en tres partes, es la central del libro un poema excelente, que no podemos olvidar, de más largo aliento, “carretera cortada”, donde nos traslada una profunda reflexión descarnada y estoica, escrita desde la aceptación de cuanto somos, sobre esa erosión que el paso del tiempo va haciendo en todo hombre.

Pero he de callar, más se gana en el silencio y la escucha, y agradecer a Francisco Caro su presencia entre nosotros y su generosidad para compartir de su propia voz su palabra.

sábado 12 de febrero de 2011

PRESENTACIÓN DE AURELIANO CAÑADAS Y JAVIER DÍAZ GIL EN LA BIBLIOTECA DE GUADALAJARA

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En la mañana del 12 de febrero y en el Taller de Poesía de la Biblioteca Pública de Guadalajara, se han presentado, leído y comentado los libros de poemas "CONTRA DOMENE" de Aureliano Cañadas y "VIVO EXTRAMUROS y EL ÁNGEL PROMETIDO" de Javier Díaz Gil.

Aquí se reseñan ambos




“CONTRA DOMENE”
DE
AURELIANO CAÑADAS


AURELIANO CAÑADAS es de sobra conocido por la mayoría de nosotros, pues ya compartió en el año 2009 en nuestro Taller su libro “Menos nuestro dolor”, pero en atención a quien todavía no le conoce diré que nació en Almería en 1936 y está vinculado a Guadalajara desde hace tiempo pues reside a temporadas en Sacedón, es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, Diplomado por la Escuela Oficial de Idiomas de Madrid y por el Instituto de Idiomas de la Universidad de Granada. Maestro con premio fin de carrera, ha sido profesor Assistant de Españñol durante dos cursos en el Liceo Faidherbe de Lille (Francia). Ha publicado hasta ahora una decena de libros de poemas, varios de los cuales han sido distinguidos con diferentes premios, colaborado en importantes revistas literarias españolas y seleccionado en varias antologías. De entre su obra destacan “Nunca llega el olvido” (1979) “Lengua para hablar sólo” (1985) “Oscuros son los signos” (1990) “Menos nuestro dolor” (1993) corregido y ampliado en 2008, “Porque soy Teseo” (1995), “Máquina el hombre mismo” (2000), Telémaco, el sur de otra vida” (2004) y otros.

Esta mañana viene a presentarnos su último libro publicado “Contra Domene”. Francisco Domene es un poeta y escritor granadino con quien Aureliano dialoga y hace referencia, en dos poemas, el inicial y el que da por concluido este poemario, como en círculo cerrado. En todo él nos muestra – poesía y biografía entrelazadas en todos sus versos- su intenso y vivido amor por las palabras, su lucha y su deseo por encontrar esa palabra verdadera a la que salvar del olvido y que a su vez le salve, nos salve a todos, “He logrado salvar una palabra./ Quizás ella me salve” nos dice, para luego preguntarse de qué habría de salvarle: de la nostalgia y el dolor del paso del tiempo, de nuestras continuas muertes diariamente sobrevenidas a traición, sin defensa posible, de la muerte final –tal vez-, de la desesperanza, de la injusticia….en cada uno de sus versos Aureliano conjura el poder de la palabra para salvar abismos.

Conjura e invoca esa palabra esencial, breve, sencilla, clara, cercana, limada de vanos retoricismos, Cuánta falsa retórica escondida/ detrás de las imágenes, para cantar y contar al hombre, en su más amplio sentido, las profundidades de su ser y estar en el mundo: A ti porque conoces/ la imposibilidad/ de contar lo posible o lo absoluto. Y a ese desvelo por encontrar la palabra/ que lo conserve todo a dedicado nuestro poeta toda su vida, a ese lento oficio de pulir las palabras con la paciencia del mar que siempre espera. Sabiéndose miembro de una tribu siempre en camino, nómadas del espíritu, sin origen ni destino -los poetas-absurdos seres que se juegan/ la vida por metáforas, y comparten/ su engañoso fulgor con tanta soledad.

Un tema que resalta con luz propia en estos versos es el amor, en poemas tan sabios e intensos como “No lo has sabido tú” y “Amor” entre otros, expresado tanto desde la serenidad como desde la fina ironía: Le digo:/ amor, nos completamos;/ no oyes, yo no veo./ Al fin/ el uno para el otro. Surge también en todos ellos el Aureliano de la fraternidad y el Aureliano familiar en títulos como: “Cedro del Líbano”, “Escuchar como hablabas a tu hijo” “Mis cenizas”, y en aquellos en los que quisiera rehacer la historia, para poder recordarla más humana y feliz,.. todavía me pongo a recordar y añoro otra infancia nos confiesa.

Nos confiesa que le hubiese gustado escribir sin miedo pero cómo escribir sin miedo/ si lo aprendí tan pronto: Ese miedo a ser que tal vez haya lastrado a buena parte de su generación, seré yo mismo quien no me perdone/ el no haberme atrevido/ a ser yo mismo nunca. Y conociendo que estamos hechos de nada profundiza, con la sabiduría que le otorga el haber vivido y sentido mucho, sobre la esencia del ser en poemas como “Uno por otro” y “Si yo no fuera yo”. Pero no quiero alargarme más, tan sólo resaltar también esas pequeñas joyas literarias semejantes a preciosos microrelatos como son “Un cuchillo” “Un perro” “Di más” “Dragón”.

Os dejo con la palabra contra el olvido de Aureliano, palabra plena de emoción y vida, pues el círculo se cierra y “..la memoria/, madrastra, por encima/ de los días felices, me conduce/ hasta la juventud…” nos asegura, para poder disfrutarla como también del “… balsámico sabor de la nada.”
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“VIVO EXTRAMUROS Y EL ÁNGEL PROMETIDO”
JAVIER DÍAZ GIL


Javier Díaz Gil es coordinador de la Tertulia-Taller literario RASCAMÁN que se reúne todos los miércoles por la tarde en el Café Ruiz de Madrid. Nació en Madrid en 1964 y es Profesor de EGB y Licenciado en Geografía e Historia. Ha publicado los libros de poemas “Humo” (premio Humberto Tenedor el año 2000), “Hallazgo de la visión” (premio Nicolás del Hierro ese mismo año) y “Vivo extramuros y El ángel prometido” en “Poeta de Cabra”, libro que hoy nos presenta. Además ha publicado en distintas antologías y revistas literarias como en “Poeta de Cabra” y “Luces y sombras”. Sus versos han sido traducidos al inglés, portugués y catalán.

Características fundamentales de la poesía lírica moderna son su elevada intensidad y tensión en el uso del lenguaje, y la concentración temática de la experiencia, su densidad conceptual. Estas se muestran claramente en la poesía esencial de Javier Díaz, a la vez que una profunda y cuidada elaboración y estructuración de sus poemas. Su poesía, despojada de retórica, nihilista y desesperanzada a veces, parece sin embargo ansiar la trascendencia, vivida como lejana e inalcanzable. Es una poética sin respuestas que se interroga sobre nuestra realidad más profunda a la par que sobre la necesidad y suficiencia del propio lenguaje para expresar con certeza, no las tiene, lo que se quiere decir. “Vivo extramuros y El ángel prometido” son dos poemas estructurados en breves secuencias cada uno, donde el poeta se arriesga y juega sabiamente con los silencios como importantes elementos de su entramado poético.

“Vivo extramuros”, un poema bellísimo que admite, requiere y se goza en nuevas relecturas, se asemeja a un canto épico- épica del fracaso al fin-; un hombre solitario “la soledad se mece/ junto al muro de mármol”, vuelve a las afueras de la ciudad amurallada, pertrechado de un deseo vitalista “poso mi mano/ sobre la piedra/ para sentir vibrar la vida/ allá adentro”, pero siente desalentado que “las puertas se cerraron/ delante de mi aliento”, y esas puertas cerradas le dejan con el “rostro ausente, en prolongados silencios, la palabra perdida, y la sonrisa inútil”. Aunque en sus desvelos, en su lucha por entrar en la ciudad, también cabe un tiempo de esperanza, el tiempo del poeta: “He descubierto con paciencia/ las fisuras de la roca”…“la hora incierta/ en la que el vigía duerme”……“intramuros,/ los jóvenes guerreros/ han escuchado mi canto…..han escuchado las palabras de la tribu.” (en clara alusión al poeta José Ángel Valente). Mas la ilusión pronto acaba al descubrir que todo es mentira, que reinan los mercaderes, que el horizonte está en llamas, que son falsos los instantes del deseo y que la muerte acecha, se impone entonces el silencio y una oración desconfiada: “Junto a la roca/ el cadáver del día/ se pudre./ No le llevéis flores,/ se nutre del deseo, de las luces inciertas y las sombras”. ……“Rezad por los que nunca/ atravesarán la puerta”.

En el “El ángel prometido” se embarca el poeta en la búsqueda de esa realidad invisible que es el propio ser, estableciendo un paralelismo y una antítesis entre el ser del ángel y el ser del fantasma, sintiéndose más cómodo en la piel inasible de este último: “Tengo firme voluntad de fantasma”.. El ángel que tuvo voluntad fue castigado”. Y previniéndonos contra la perfección, “En el fondo de los ojos de un ángel sólo hay silencio”

Poesía intensa y profunda que nos invita a volver sobre ella como vuelve el ángel, para sentir más nuestra su magia y su misterio. No quiero alargarme ya demasiado ni levantar del todo la sábana del fantasma, no se esconde Javier y por eso está aquí, a nuestro lado, con su voz, en su poesía.

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miércoles 8 de diciembre de 2010

RUMOR MATERNAL

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TEMPORADA DE FRESAS
de PILAR PARDO
SILTOLÁ POESÍA 2010


Temporada de fresas es el primer libro de Pilar Pardo (Murcia 1964). Poesía de lo cotidiano escrita con un verso sereno, medido, transparente, fresco, preciso e intenso, donde la claridad no está reñida con la profundidad y belleza de su sentido.
Dividido en cuatro partes (La llamada, Mientras convalecías, Temporada de fresas y Alta mar)sus poemas nos hablan de poesía y amor, de todas esas cosas con que la vida nos bendice, sin ruidos, "en el cauce secreto de lo leve".

Pilar nos regala un libro que no nos deja indiferentes, en el que se constata la exigencia que la palabra impone a quien se deja seducir por ella, pero que tiene el premio en esos "rescoldos del incendio" que nos enseñan a traducir las sombras.

Como ejemplos de esta poesía que se lee y relee con gusto copio dos poemas:

EL AGUA

El prodigio mayor
no está en su transparencia.
Ni en el modo en que regala frescura
a cuanto tiene vida.

El agua es la mirada,
es el ojo inocente que contempla
su propio rastro errante sobre el mundo.
Es la copia viajera, es un reflejo.

El rumor que no cesa de revelar secretos
sin traicionar a quienes los contaron.


LA VERDADERA FUERZA

Todos piensan que el monte permanece
recio y triunfal
porque su corazón se hizo piedra.

No saben que lo salva del abismo
un incendio de amor que lo recubre:
arbustos y enramadas no cejan en su abrazo

salvándolo de ser
roca en caída libre.


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sábado 18 de septiembre de 2010

"PIEDRAS AL AGUA" de ANTONIO CABRERA

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“No sé si pronunciarlo./….. Cuanto pueda decir va a desmentirse”. “Piedras al agua” de Antonio Cabrera es un buen libro de poemas. Es el cuarto de los suyos, recordemos que anteriormente publicó “En la estación perpétua” (2000), que fue Premio de la Crítica, “Tierra en el cielo” (2001) y “Con el aire” (2004).

Antonio Cabrera nos ofrece una poesía reflexiva, meditativa, quizás en exceso metafísica a veces, pero sin dejar de lado una contenida emoción, pues comparte con Unamuno su poética de “pensar con el sentimiento, sentir con el pensamiento”.

El libro consta de tres partes o bloques temáticos, en el primero pone sus ojos y su verso en “El alrededor”, título del primer poema del libro, una realidad externa, el paisaje, que es lugar y tiempo, “lo que dura invencible” donde, nos dice, “escucho mi respiración, la voz/ que entrego a todo/ y me es devuelta/ como si ya no fuera mía.” A este primer movimiento pertenece el excelente poema que da título al libro “Piedras al agua”.

En la segunda parte nos deja composiciones que hablan del dolor y la memoria, de los afectos a personas cercanas y de la evocación y análisis lírico de esas cosas que hacen su vida cotidiana, en poemas como “Monedas sobre la mesa” sobre las que medita: “Para perpetuarse, esas monedas/ ya tienen sus milímetros;/ no su valor, sino su faz redonda./ Qué diferente tú/ -de aleación tan débil,/claudicante/ en medio de tu espacio transitorio”, “El espíritu de la casa”, “Distraido”, “Luz de flexo”, y “Poema de cumpleaños”.

Vuelve el poeta en su tercera parte la mirada al exterior, esa mirada que contempla naturaleza y arte para constatar que “Los dioses no están dentro de nosotros,/ no pueden ser nuestra melancolía”. De este bloque final destaco “Anotaciones en un cuaderno de campo” “Lo que la tarde junta” “Cementerio de Peliceira” y el que ahora os copio:

“SIGNIFICADO DEL CORZO”

El corzo que aparece
por detrás de un acebo,
sutil en el espasmo de sus músculos,
cándido en su color, en su contraste,
pulcro, delicadísimo, nervioso,
tan rápido llegando a ser de nuevo,
sin línea de silueta, reventada de pronto
su burbuja de estar,

señala a lo intocable, significa
que importan los instantes,
los malditos instantes.


En este libro, os digo, he encontrado “Páginas, párrafos/ y frases que entendí/ relucen.” y también “Lo resistente, lo que no he comprendido, recibe un rayo igual – bellísimo e inútil.”
Pero que no lo cubra el polvo.

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jueves 22 de julio de 2010

HILARIO BARRERO Y LA MUERTE ACECHANTE EN NUEVA YORK por ONEIDA M. SÁNCHEZ

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En el título de esta ponencia se unen los dos vectores que definen la dirección y el sentido que forman el mundo poético de Hilario Barrero: el espacio emocional y el físico. Para Barrero, no importa el tema, la mortalidad del ser humano es el hilo que une e iguala a todos los seres vivos. Con la ecuación vida-muerte siempre presente su ciudad adoptiva, Nueva York, se convierte en el medio para comunicar esta verdad existencial que aunque no queramos enfrentarla es una realidad siempre vigente.

Según nos dice el poeta en su artículo “Un sueño de ruinas y de ortigas:” “En Nueva York todo es posible”, “Manhattan es la isla que nunca duerme”, “Pero Nueva York es también Brooklyn donde la ciudad duerme al filo de la madrugada entre las grises losas de pizarra de las aceras, o en el lujoso cementerio de Green-Wood.”

Es en este mundo alucinante y cotidiano a la vez donde el estado mental y la postura espiritual del poeta producen sus poemas. En algunos, Nueva York está implícito, sus habitantes son motivo poético; en otros, la ciudad es fondo o es la inspiración del poema. La muerte compañera constante.

Al primer grupo pertenecen “Seize el día” y “Subjuntivo” poemas inspirados por los alumnos de BMCC, donde Barrero lleva a cabo su labor docente. El espacio vital limitado por el nacimiento y la muerte se desarrolla en “Seize el día.” Usando el sonoro “espanglish” en la primera estrofa, el poeta nos muestra la alegría despreocupada de la juventud:

Todos vienen del ghetto,
admiran a Selena
quieren sacarse el Lotto,
son pesadas sus sombras,
grises sus biografías,
visten de polyester con ropa made in China,
pies ligeros de Adidas
y sonríen con dientes en andamios
granos en sus mejillas
grasa sobre su frente.


Continua, el resto del poema, en español castizo, medita, en la segunda estrofa como la promesa de vida va de la mano de esa alegre despreocupación que caracteriza a la juventud. Prosigue reflexionando sobre el irremediable paso del tiempo que en el futuro llevará a estos jóvenes hacia la decrepitud senil. Termina con el contraste entre la juventud y la vejez dos puntos distantes pero inexorables en el camino de la vida hacia la muerte. Lo mismo sucede con el poema “Subjuntivo.” La ansiedad de vida de sus alumnos lleva al poeta a meditar sobre el paso de la vida y a recordar su impaciencia en su juventud:

Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,
por salir a la noche, por disfrutar la vida,
por conocer el rostro de la muerte.


Su vecina Mrs. McLaughlin le inspira tres poemas que muestran las tres etapas de la vida: el pasado activo, el presente decrépito y la visita esperada/inesperada de la muerte. En “La Brigadista” la metáfora inicial de la primera estrofa une el pasado y el presente. El primero surge en el espejo de su activismo político actual que es estar contra todo:

A los ochenta y siete salió en The New York Times
siendo arrestada al protestar
por una de las guerra del Sr. Bush.
Una fotografía que la hizo feliz
y que envió con orgullo a sus amigos.
Su cuerpo es un graffiti que camina:
lazos negros, azules, amarillos…
una gorra por una pacifista
encarcelada en una isla del Pacífico
insignias por la paz, por focas maltratadas,
tigres en extinción, lesbianas transformistas,
por total amnistía, por un mundo más verde,
una bufanda roja por un oscuro político de izquierdas…


pero que en realidad refleja su soledad existencial en una vida que con tanta preocupación social ha resultado yerma y vacía.

Este desierto espiritual se manifiesta en “Early Sunday Morning” cuando los tres símbolos de la incomunicación: el gato, el licor y la lectura junto a la hora, siete menos cuarto de la mañana, y el día, domingo, forman el cuadro desolador que es la vida de esta anciana. Ambiente que el poeta acentúa al precederlo con la descripción de un bello amanecer que recuerda a un cuadro de Edward Hopper, a quien está dedicado el poema. Finalmente, el poema “Mrs. McLaughlin” presenta el momento final. El lenguaje lleno de imágenes unidas sólo por la coma recrea el ambiente de premura y confusión de los primeros momentos al descubrir la muerte. En seguida, en un solo verso la inmensidad de la soledad del acto de morir: “Se murió sin nadie aquella noche.” Después el recuerdo frágil modo de trascender:

Con una letra de colegio de monjas
su nombre de tinta verde se desvanece
en el libro de Irlanda que nunca devolví
y que ahora contemplo como quien mira a un muerto.


El poema “Un Día” es el compendio de la sencillez de la vida cotidiana, universalizada en la persona del autor:

Aquí estoy, profesor
de básico castellano
en la ciudad de Niuyork.
Ya no sé si toledano,
español o americano,
con tanto tiempo vivido
y tanto tiempo perdido
entre moros y cristianos.


quien en su indeterminada identidad capta primero el alma del “newyorquino” y segundo la esencia del ser humano en general. La vida cotidiana con sus rutinas y sus peligros, que hace al poeta meditar sobre el paso por la vida que se va en ese diario vivir que es fútil y ordinario, pero que cada día nos acerca al inevitable final: “Nacer, crecer y morir- y encontrarnos con la muerte- que nos sale a recibir.”

Al igual que los poemas anteriores, aquéllos en que Nueva York aparece como trasfondo o como parte íntegra del poema también muestran al ser humano a la merced de la inseguridad de su existencia.

El poema “Seventh Avenue corner Berkeley Street” ofrece esta contradicción de la impotencia del ser humano ante las fuerzas misteriosas que rigen su trance vital. La visión inicial de un joven esperando por el ser amado presagia la vida. Además, el joven está rodeado por símbolos de la misma: flores, luz, árbol. La mañana símbolo clásico del nacimiento es doblemente alegre pues es: “la gloriosa mañana de domingo”.

Los tulipanes son rojos, color de la sangre, que es la vida misma. La luz es de Hopper, referencia a las escenas cotidianas pintadas por dicho autor, pero al mismo tiempo es una referencia a la luz en movimiento que también es señal de vida. La simbología de vida en potencia se triplica en “el cerezo en flor”.
Primero por ser árbol. Segundo porque la flor es, al mismo tiempo, vida en sí misma y presagio del fruto. Además en este caso, el árbol florecido es parte de una casa; es decir, pertenece a la estructura física donde reside la familia. Unidad social que crea y protege la vida.

En este ambiente de esperanza el joven espera: “con un ramo de flores amarillas” con el que entra la presencia de la muerte en el poema. Estas flores, aunque vivas todavía, al ser cortadas para hacer el ramo han perdido su potencialidad de vida; por otra parte, el color amarillo trae a la mente la señal de enfermedad, de epidemia; y en las culturas indígenas mesoamericanas, la flor amarilla es símbolo de muerte. De allí que la imagen final esté cargada de pesadumbre y no de esperanza:

Un nuevo amor que nace tan temprano
y en domingo debería gozar
de una luz avanzada y larga vida
y no morir al mismo tiempo que las flores.


Al igual que el poema anterior, “Carrozas” presenta el contraste entre la vida y la muerte. Tomando como trasfondo el mar humano que se pasea en la famosa Quinta Avenida de Nueva York, el poeta contrapone la vida a la muerte a través de la apariencia física de unos y otros. En este camino implacable hacia la muerte ni siquiera el amor es capaz de vencer a la muerte:

Viéndoles desfilar, cercano a tu frontera,
nombrando aquel verano en que nos conocimos,
mi sangre negativa se calcina, amenazada,
sintiendo a la Guadaña que, arañando mi cuello
con su incesante herida, nos recuerda
que para algunos éste será el último desfile.


Antes de analizar el poema “Easter Sunday en Green Wood” hay que señalar que Green Wood fue el primer cementerio panorámico de la ciudad de Nueva York; además, fue la inspiración para construir el Central Park, por lo que este bello lugar de Brooklyn ha llevado desde su fundación la realidad de la convivencia entre la vida y la muerte. Es ante esta realidad que el autor al estar presente en este cementerio en un Domingo de Resurrección, día en que en la cristiandad la vida vence a la muerte, nos muestra una naturaleza desesperanzada: “La mañana amanece embalsamada,/ arropada en el sucio sudario del invierno.”

Como vemos, es la mañana símbolo del renacer ya vencida por la muerte simbolizada por el invierno quien a su vez provee los ritos funerales. En este ambiente lúgubre florece el amor, que se vuelve un bálsamo ante la realidad mortal del poeta, pero no su salvación:

Imposible vivir sin tu mirada
y sin la tiranía de la voz de tu cuerpo que me obliga
a seguirte obediente hasta el sepulcro de tu hoguera.
Saber que eres mi tierra y mi mortaja,
poseer un aliento de almohada
donde dormir por siempre y a tu lado
es todo lo que pido y necesito.


El poema “Sábado santo en Prospect Park”, se divide en tres partes; la primera y la última corresponden a las unidades exponente y condensante respectivamente y están formadas por dos versos cada una aunque no están gráficamente definidas. El título, día antes de la resurrección de la humanidad a la vida eterna, junto con el primer verso: “Posiblemente Dios ha muerto,”
establece la incertidumbre que el hombre siente ante todas sus creaciones, incluso and sus creencias religiosas; además introduce la omnipresencia de la muerte.

El uso del lenguaje común en el título y en los dos versos iniciales preparan el camino para la combinación de imágenes y metáforas en la unidad analizante. El segundo verso del poema y primero de esta unidad: “pero en el parque este sábado santo” une estas dos unidades. Primero, el uso de la conjunción adversativa “pero”, que indica oposición, establece el puente entre los dos componentes del binomio vida/muerte; que en este caso se presenta como muerte/vida. Además, proporciona la continuación del pensamiento que comienza gramaticalmente en el verso uno y termina en el cuarto:

Posiblemente Dios ha muerto,
pero en el parque este sábado santo,
después de la batalla del invierno,
en la hierba de abril un torso resucita.


El poeta continua creando imágenes en las que un elemento de la naturaleza introduce una parte del cuerpo humano; enumeración que lleva al oxímoron que ocupa el verso 11 en esticomitia y que junto al lenguaje común del verso 10 exponen la intensidad de la pasión carnal sentida por el hablante: “y mi mirada asedia su belleza:/ yacente cristo de encendido mármol”. Al escribir Cristo con minúscula, el poeta humaniza la figura divina con lo que realza aún más la condición natural de su frenesí.

La segunda estrofa se divide en dos partes simétricas complementarias. La anáfora de la conjunción copulativa “ni” enlaza las cuatro imágenes que forman la enumeración que apoya la afirmación del verso 16: “me enseñan el momento, lo frágil de la vida.” Así mismo, las imágenes de los versos 17 al 20 enumeran los elementos de afirmación vital que llevan a la aseveración en el 21: “la razón del vivir, la respuesta de la muerte.”

En la tercera estrofa el hablante se dirige al sujeto de su admiración y lo incita a abandonarse a la pasión carnal. En los cuatro versos iniciales, el autor crea una serie de metáforas en las que parea símbolos de muerte: invierno, hielo, alquitrán, hoguera, con verbos que aluden a la pasión erótica: deslice, desnúdate, entrégate, con esto logra recrear la coexistencia de estos dos elementos contradictorios y complementarios en la naturaleza y en la realidad vital del ser humano. Por una parte, la cópula, al crear vida, produce muerte. Por otra, el coito por su naturaleza de coadunación puede ser vehículo de transmisión de muerte por sí mismo. En los versos 5 y 6 la ecuación imaginativa pasa a ser imagen, el poeta cambia los elementos de muerte por símbolos de vida: césped, luz y los verbos de función erótica en nombres de referencia mortal: muerte y sepultura: “presta al césped tu muerte/ y mide con tu luz su sepultura.”

Finaliza el poema invirtiendo el orden temático de la unidad inicial. La incertidumbre que el poder de la muerte expresa en el primer verso del poema se agudiza al comenzar la unidad final. El “Posiblemente Dios ha muerto” se convierte en “Si Dios murió en un viernes”.
El cambio de “posiblemente,” que posee vestigio positivo de hacedero, da paso a la incertidumbre implícita por el uso de la conjunción “si”, duda que se refuerza con el artículo indeterminado “un”. A esta inseguridad, el poeta contrapone la certeza de la realidad “tú estás aquí…” y completa el pensamiento “en sábado de gloria”. Al revertir el “Sábado santo…” del título del poema a su forma antigua de sábado de gloria, el poeta aleja la implicación de recogimiento y muerte que tiene la denominación actual de este día de observación religiosa. Además, incorpora la idea de alegría y goce por haber alcanzado el cielo que tiene el nombre original y al darle exclusividad individual lo transforma en reafirmación de la vida.

Como ya se ha dicho al principio, en la poesía de Hilario Barrero, el espacio real, en este caso Nueva York, provee el medio que hace posible mostrar la gama de sentimientos negativos y positivos que experimenta el ser humano. Para ello el poeta crea, según sus propias palabras, un lenguaje en:

“Que cada palabra no escrita se lea, que cada silencio se oiga, que cada ausencia se presienta, que lo oscuro tenga luz y que no falta ni sobra nada, que agobien las imágenes pero que no traicionen.”



Oneida M. Sánchez

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